Antimperialismo en Cuba: la estrella en la frente

El sentimiento antimperialista en Cuba no es propagandístico ni doctrinario, es una reacción ante hechos palpables que estrujan el alma desde sus primeras manifestaciones en el siglo XIX hasta su cruel realidad y permanencia en el XXI.

Hay imperios en Europa y las Américas luchando por sobrevivir a costa de la humanidad. Los países que están a favor de un sistema de justicia social son duramente calumniados, sancionados.

En el caso de Cuba el antimperialismo surge por el debilitamiento del colonialismo español provocado por la intensa guerra contra los mambises. Esto conlleva a que los ojos de Estados Unidos se dirijan con mayor énfasis hacia la conquista de la estratégica Isla, a lo que se suma la subestimación del criollo, el afán de apoderarse de tierras e ingenios, del mercado y sus intereses.

Julio Antonio Mella.

Dicha determinación la sienten los pobladores y la emigración que vive dentro “del monstruo”, en acciones e ideas expuestas por los gobernantes yanquis año tras año. ¿Por qué se diluyó la corriente anexionista? ¿Por qué los próceres de las guerras de independencia decidieron contrarrestar cualquier manifestación política o filosófica que propugnara la fusión de Cuba con el Norte? Ejemplos son Maceo y Martí, entre otros valiosos patriotas.

 

Una de las evidencias entroniza el concepto capitalista de apropiación de América, expuesto desde la ampliación de Estados Unidos como nación y el desprecio de sus gobernantes hacia el resto de los pueblos vecinos y sus propias minorías, vislumbrado por los principales pensadores y guerreros cubanos desde mediados del XIX, cuyo clímax, en contubernio con España, se concretó en la intervención de las fuerzas norteamericanas al final de la Guerra Necesaria en 1898, cuando de forma oprobiosa se dejó a un lado al  Ejército Libertador y flotó la bandera usurpadora en nuestro territorio nacional.

Descabezada la dirección insurgente de sus más grandes líderes y desarmados los mambises, se agudiza la crisis post guerra, circunstancia aprovechada por los magnates extranjeros.

Pero, el ideario de preservar la independencia de Cuba ante la voracidad del nuevo y cercano imperio signó la ideología más revolucionaria de esos tiempos y el antimperialismo no se extingue durante la seudorrepública. 

Al contrario, diversos acontecimientos marcan la vida del cubano: el predominio activo de la embajada de Estados Unidos sobre los presidentes cubanos y la tendencia de la oligarquía a exaltar el modo de vida estadounidense, así como al consumismo banal, se enfrenta a  posiciones radicales.

Resaltan las actuaciones de Juan Gualberto Gómez y otros patriotas contra la Enmienda Platt; las protestas continuas de la vanguardia popular ante la apropiación paulatina de las riquezas del país a manos de compañías norteamericanas; la pobreza extrema; la discriminación y desigualdad sociales; la humillación continua de los marines a nuestros más amados símbolos; un conjunto de hechos que violentan y lastiman la dignidad patria, se mantienen como puñales en el corazón de quienes aman la independencia de Cuba por sobre todas las cosas y razones.

Paradigmas  de este pensamiento antimperialista fueron las nuevas generaciones de la primera mitad del siglo XX.

NOTAS HISTÓRICAS DE UNA EPOPEYA GENERACIONAL

Reseñan los historiadores que la Liga Antimperialista en Cuba, como sección de la Liga Antimperialista de las Américas, se fundó en julio de 1925 en el local de la Asociación de Estudiantes del Instituto de La Habana.

Los miembros fundadores de la nueva organización eligieron una directiva en la que Mella fungía como secretario organizador; José Acosta, como vicesecretario; Alejandro Barreiro, financiero; y resultaron electos, entre otros vocales, Carlos Baliño, Rubén Martínez Villena y José Zacarías Tallet.

En el artículo del investigador Pedro Antonio García se expone que la Liga presentó su Reglamento en el Registro de Asociaciones del Gobierno provincial y dejó allí constancia de su constitución el 17 de julio siguiente. En su Manifiesto-Programa, publicado en los periódicos El Heraldo y Nueva Luz, el 6 y 20 de julio de 1925, respectivamente, la Liga proclamaba: “Triunfaremos, reivindicando la libertad y la justicia social o pereceremos en la demanda, pero no como seres envilecidos besando la planta que nos humilla, sino como quería el Apóstol: De cara al sol”.

Entre sus acciones estuvo el lanzamiento de la proclama: “La Liga Antimperialista de Cuba invita a la viril protesta a todos los hombres que, conscientes de su deber, no estén dispuestos a trabajar para el yanki ventrudo, en medio de una atmósfera de verdadera opresión y de terror para la clase obrera y campesina (…) Pedid la libertad de los presos, la seguridad de los campos y la solución de la crisis desde un punto de vista nacional. Los centrales para los cubanos ¡He ahí nuestra salvación!”.

Aparte de luchar contra la penetración imperialista en Cuba, enarboló un programa que incluía la lucha por la completa independencia de Puerto Rico, la internacionalización del canal de Panamá y la retirada de las tropas estadounidenses de los países latinoamericanos que habían sido invadidos por Washington. Libraron también campañas por la excarcelación de Mella, cuando la huelga de hambre del joven revolucionario contra las arbitrariedades judiciales de la tiranía machadista, así como en solidaridad con Sandino y su guerrilla que se enfrentaban en Nicaragua a los invasores estadounidenses.

Tras el derrocamiento de la tiranía machadista, en el II Congreso del primer Partido Comunista de Cuba (abril de 1934), se le asignó a la Liga Antimperialista, ahora bajo el liderazgo de Juan Marinello, la tarea de promover una conciencia antimperialista en la pequeña burguesía y clases medias. Pero luego de la represión desatada contra el movimiento revolucionario tras el fracaso de la huelga de marzo de 1935, la Liga prácticamente desapareció.

No obstante, desempeñó en sus años de existencia un importante papel en la vinculación del estudiantado y la intelectualidad con la clase obrera. Los fundadores de la Liga coadyuvaron a irradiar el carácter unitario, latinoamericanista y antimperialista del pensamiento martiano, articulándolo con el marxismo, en esos sectores y clases sociales y en toda la sociedad cubana de la época.

Devino “organización imprescindible para el combate popular y partidista” y brindó “un aporte excepcional a la lucha práctica política y al fortalecimiento de la preparación teórica de sus miembros y de las masas populares en general con sentido antimperialista, incluso a escala continental.”

Su impronta permaneció latente y promovió el actuar de otros luchadores insignes.                                                                                                        

Liga antimperialista.

                                                                                              

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