La Lupe, la canción que vino con el Granma (+video)

«Puedo informarles con toda responsabilidad que en el año 1956 seremos libres o seremos mártires (…) Uno de nuestros más ilustres libertadores sentenció que quien intente apoderarse de Cuba recogería el polvo de su suelo anegado en sangre (…) Nosotros somos hoy en Cuba, los únicos que sabemos hacia dónde vamos y no dependemos de la última palabra del Dictador. Un saludo para el pueblo de Cuba, y la más firme promesa de que, volveremos.»

Fidel Castro Ruz, Nueva York 1955

Primeras horas de la fría madrugada del 25 de noviembre de 1956. Llueve sobre la embarcación. Un pequeño yate zarpa sigiloso por el puerto de Tuxpan, México, con las escotillas, los pasillos y la cubierta preñados de esperanza y en su seno se fortalece la semilla de la Revolución Cubana.

Al frente, un joven alto e imponente ofrece orientaciones al resto de los hombres, portando una subametralladora Thompson. Su voz destila convicción, compromiso y seguridad. Es Fidel Castro, quien, junto a los expedicionarios del Granma, pretende desembarcar en playa Las Coloradas, en la costa suroriental cubana, el 2 de diciembre, para iniciar la lucha armada frontal contra el dictador de turno, Fulgencio Batista, en las montañas cubanas.

A ambos lados titilaban las luces del poblado, cada vez más es­casas. Nadie hablaba, solo se oía el ruido del mo­tor y de la proa al surcar la corriente. Los destellos del faro anunciaron la llegada a la de­sembocadura. Ya se percibía un fuerte olor a mar. Arreciaban el viento y la lluvia. Su­fi­cien­te­mente alejados de tierra firme se aceleraron los motores, se encendieron las luces. Al­guien co­menzó a cantar: “Al combate, corred, bayameses, que la patria os contempla orgullosa…”. Todos lo secundaron como una sola voz.

TRAVESÍA HACIA LA VICTORIA DEFINITIVA

De acuerdo con los cálculos previos el Granma debía llegar a las costas cubanas al quinto día de su salida de Tuxpan. El alzamiento del 30 de noviembre en Santiago de Cuba, organizado por el Movimiento 26 de Julio, apoyaría su desembarco.

El mal tiempo al salir de México con grandes olas que cubrían la popa atentaban contra la estabilidad de los pasajeros. La travesía ha estado colmada de avatares, cual pruebas de la decisión de los combatientes cubanos. Mareos, vómitos, náuseas, el hacinamiento a bordo de la nave y la posibilidad de zozobrar ante el mal tiempo golpean a los tripulantes, mas no varía el objetivo que los llevó hasta allí.

Transcurre una semana. En el Golfo de México y en el Caribe el yate navega en mar abierto, despegado lo más posible de las costas y cambiando el rumbo cada 24 horas.

El Granma significaba la oportunidad de luchar por la independencia definitiva de la Patria, de salvar a Cuba de las garras de una dictadura que esparcía torturas, desalojos, prostitución, hambre y asesinatos. Nada podía interponerse entre estos valiosos hombres y su misión de crear un país «de los humildes, con los humildes y para los humildes», como posteriormente afirmaría Fidel.

Pero, a bordo del yate también regresaron confesiones de amor, alimentadas por la temprana añoranza de un recuerdo que quedó abrazado al pasado. Juan Almeida Bosque se convirtió en el autor de una de las piezas románticas más paradigmáticas de la música cubana: La Lupe.

Ya se avecinaba el regreso a Cuba y Juan Al­meida fue a encontrarse con una linda mexi­canita con la que había mantenido relaciones des­de su llegada a estas tierras, una tarde de noviembre de 1956, horas antes de la partida en el yate Granma:

-Lupe: ¿Qué le has pedido a la Virgen?

-Almeida: Nada. ¿Y tú?

-Lupe: Yo le he pedido por ti, porque todo siempre te salga bien.

-Almeida: Pues ya eso es bastante.

-Lupe: Juan, ¿te vas?

-Almeida: Sí, nos estamos preparando

-Lupe: ¿Cuándo?

-Almeida: No sé, pronto. Hemos dicho que volveremos este año a Cuba y ya se está cumpliendo el plazo. Estamos en noviembre…

-Lupe: ¿Escribirás?

-Almeida: Sí, tan pronto pueda.

-Lupe: Esto me consuela, sobre ti. Todo saldrá bien, se lo pedí a la Virgen. Te comprendo. Entiendo el camino que has elegido y me gustaría acompañarte. Sé que es tu vida. Te admiro, te quiero.

Cuando abandonaron el lugar estaba lloviznando. La temperatura ha­bía descendido. Él, amorosamente, le abrochó el cuello del so­bretodo. Ella se quitó la bufanda y abrigó al cu­bano. Se abrazaron por última vez. De regreso a la casa que le servía de refugio, Almeida buscó lápiz, papel y comenzó a escribir…

La canción viaja en la travesía de los expedicionarios del yate Granma; la letra de la canción escrita en un papel se moja y deteriora. Con ayuda de uno de los compañeros de armas la letra se rescata después del desembarco, ya en la Sierra Maestra, donde la cantaban de memoria los combatientes.

Ya me voy de tu tierra,

mexicana bonita,

bondadosa y gentil.

Y lo hago emocionado

como si en ella quedara

un pedazo de mí.

Ya me voy linda Lupe

y me llevo conmigo

un rayito de luz

que me dieron tus ojos

virgen guadalupana

la tarde en que te vi.

Golondrina sin nido

era yo en el camino

cuando te conocí

tú me abriste tu pecho

con amor bien sentido

yo me anidé en ti.

Y ahora que me alejo

para el deber cumplir

que mi tierra me llama

a vencer o a morir,

no me olvides Lupita

acuérdate de mí.

Triunfa la Revolución el primero de enero. El comandante Juan Almeida asume el mando del importante campamento de Managua, en las afueras de La Habana. Hasta allí llegó la cantante Amelita Frades, quien interpretaba jingles comerciales antes de 1959.

Su obra recogía además su participación en la orquesta de Arcaño y sus Maravillas y luego con la de Obdulio Morales, además de su estancia en México durante una gira en 1956, justamente en los días del exilio del Comandante.

– Mire qué cosa…, yo escribo canciones —se atrevió a confesar Almeida y Amelita se interesó por conocerlas.

-Bueno, tengo escritas las letras, no la música… La música la memorizo. De ellas, hay una que me gustaría que usted valorara. Se titula La Lupe y la escribí en México hace tres años.

Almeida silbó la melodía y el pianista Enrique Lasaga la transcribió. Amelita Frades aprendió la letra y cantó la pieza en un programa de Radio Progreso. Enseguida la difundió CMQ y entró en el catálogo de la disquera Víctor, y el acetato fue todo un éxito.

EL COMANDANTE Y EL MÚSICO

Juan Almeida Bosque nació en La Habana el 17 de febrero de 1927 y murió en la misma ciudad el 12 de septiembre de 2009. Fue miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Las Fuerzas Armadas le confirieron el grado honorífico de Comandante de la Revolución.

Compuso mucho. Al final del camino, A Santiago, Dame un traguito, Es soledad, Cómo le explicó yo a mi corazón y Tiempo ausente son solo unos pocos títulos de las decenas y decenas de canciones que compuso, casi siempre en la línea de la canción romántica y el bolero.

Beatriz Márquez ha sido una de las mejores intérpretes de su obra. En 2004 la banda de la Facultad de Música de la Universidad de Shou, en Japón, estrenó su obra Hiroshima y Nagasaki, en la cual se hace evidente, afirma la crítica, la dimensión de la tragedia nuclear sufrida por esas ciudades en 1945. Es autor además de Elegía al mayor general Antonio Maceo. Publicó también varios libros. Uno de ellos, testimonio sobre el ciclón Flora, le valió un premio Casa de las Américas.

Almeida nunca olvidó a Lupe, aquella muchacha que una tarde conoció en el Bosque de Chapultepec. La buscó en cada uno de sus viajes a México y le inspiró otras canciones, como aquella que dice:

(…) hoy, con polvo en los cabellos

de andar por los caminos,

en tránsito de nuevo

por México otra vez,

quiero dejarte Lupe

mi más bello recuerdo

por haber sido tuyo

también lo que yo amé.

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